Lecciones para leer etiquetas. #1: El mito de lo “natural”


Cada día son más los productores que se unen al movimiento de la agricultura ecológica, ofreciendo productos orgánicos, beneficiosos para la salud, el medio ambiente y la economía de las familias del campo.

Sin embargo, grandes compañías (que no están en absoluto comprometidas con la sustentabilidad ni con la salud de los consumidores) están aprovechando esta tendencia para comercializar sus propias mercancías. Y lo hacen esencialmente a través de etiquetas en sus empaques que anuncian el producto como “natural”, aunque no como “orgánicamente certificado”. Dicha leyenda resulta suficiente para despistar a algunos compradores.

Una amenaza al movimiento orgánico

Lo “natural” es, en la mayoría de los casos, un fraude. Permite a las compañías vender más caro su producto y hacer creer al consumidor que es de mejor calidad; sin embargo, no existe una regulación o una definición oficial sobre lo que debe contener un producto “natural”, a diferencia de un producto orgánico, que se encuentra estrictamente regulado. En la mayoría de los casos, los productos “naturales” son productos convencionales disfrazados de orgánicos.

De este modo, grandes compañías aumentan sus ganancias al vender productos cuasi naturales a precios orgánicos.

Además, estas compañías no favorecen en absoluto a los pequeños agricultores. Su producción está subsidiada, por lo que pueden ofrecer precios más bajos que los productores orgánicos, constituyendo una competencia desleal. Como consecuencia, muchas veces absorben cooperativas locales que ya no pueden sostenerse por sí mismas.

Por ello, resulta fundamental aprender a descifrar las etiquetas y distinguir cuándo un alimento proviene de una gran compañía cuyo único interés es maximizar sus ganancias o, por el contrario, de un grupo de productores con un interés genuino en contribuir al bienestar y al medio ambiente.

Más información: http://www.organicconsumers.org/whole_foods_unfi.cfm

Foto: Jeff Keacher en Flickr