Refrescos: por qué es mejor evitarlos

Los consumimos a diario –y nuestros hijos también lo hacen- y, sin embargo, ignoramos que estos productos dañan a nuestro organismo de mil maneras.

En 1942, cuando el consumo de refrescos apenas se establecía en Estados Unidos, la Asociación Médica Americana declaró que desde el punto de vista de la salud era deseable restringir su consumo, pues estos productos contenían poco o nulo valor nutritivo. Afirmaba que el azúcar contenida en los refrescos hacía que la gente dejara de ingerir alimentos verdaderamente nutritivos.

Así es: los refrescos son, básicamente, agua gasificada, azúcar refinado, colorantes y saborizantes artificiales. No sólo no nos nutren, sino que nos dañan (y no sólo  nosotros, también al medio ambiente).

De acuerdo con los nutricionistas, beber un refresco llena a nuestro organismo de azúcar que no requiere. Como esta azúcar está refinada, no contiene ningún nutriente, por lo que resulta tóxica para el organismo. Algunos refrescos “Light” están endulzados con edulcorantes artificiales que no son menos dañinos para el organismo, como la sacarina y el aspartame.

Los refrescos han contribuido sin duda al problema de la obesidad por el que atraviesa México. Por su parte, la obesidad aumenta considerablemente el riesgo de padecer diabetes y trastornos cardiovasculares. El consumo frecuente de refrescos también provoca osteoporosis y problemas en los dientes, entre otros males.

Los populares refrescos de cola –tan consumidos por los niños- saturan el organismo de los niños de azúcares, químicos y cafeína, que en grandes cantidades puede dañar su sistema nervioso. La cafeína es causante de insomnio y dolores de cabeza; cabe mencionar que consumirla en frío resulta peor que hacerlo, por ejemplo, en una taza caliente de café o té. Tomar un solo refresco de cola equivale a tomar dos tazas de café.

Por si no fuera suficiente el daño que los refrescos hacen a nuestro cuerpo, también dañan enormemente al medio ambiente. Los envases de plástico usados para refrescos y jugos son uno de los principales contaminantes del entorno natural.

Así que, tomemos conciencia y dejemos de una vez por todas de consumirlos. Nuestra salud y nuestro planeta bien valen el sacrificio.