Remedios naturales para la caída de cabello

Jóvenes y adultos, hombres y mujeres sufren de este mal, que a su vez genera consecuencias nada positivas como baja autoestima o dificultad para socializar. Pero la caída de cabello tiene solución, y ésta no necesariamente tiene que ver con pastillas, tratamientos químicos e interminables visitas a consultorios médicos.

La caída de cabello tiene que ver con varios factores, algunos hereditarios y otros, relacionados con nuestros hábitos de vida. Si fumamos, llevamos una dieta poco saludable, no hacemos ejercicio, dormimos poco y nos estresamos mucho, es muy probable que nuestro cabello lo resienta. Asimismo, otros factores también pueden dañar nuestro cabello, volviéndolo más reseco y quebradizo: el clima, la contaminación, un baño con agua muy caliente, el abuso de productos químicos en el cabello (tintes, tratamientos, geles) o de planchas alisadoras.

Para recuperar el pelo, lo mejor que podemos hacer es acudir a remedios naturales. Nuestro cuerpo necesitará de una ayudadita tanto por fuera como por dentro.

Para devolver el brillo y la fuerza a nuestro cabello, podemos aplicar aceite de olivo sobre el cuero cabelludo y dar un suave masaje con las yemas de los dedos en forma circular. También podemos aplicar el aceite sobre las puntas. Esperamos unos 20 minutos y enjuagamos con agua tibia. La ortiga es una gran aliada del cabello sano. Regenera el cuero cabelludo, combate la caspa y elimina el exceso de grasa –todo lo anterior causante de la caída de cabello-. Algunas marcas comerciales, como The Body Shop, ofrecen champús a base de esta planta. Si queremos hacer nuestra propia infusión, dejamos macerar 100 gramos de ortiga en 1 litro de agua durante 15 días.

No nos olvidemos de la alimentación, la verdadera responsable de que nuestro cabello esté saludable o dañado. Los especialistas recomiendan una dieta rica en proteínas (pescado, huevos, cereales, legumbres, frutos secos), zinc (nueces, atún, anchoas, germen de trigo, soya, queso, setas), hierro (carne, pescado, huevos, algas marinas, espinacas), yodo (pescados y mariscos, lácteos y en menor proporción frutas y verduras), magnesio (cereales integrales, frutos secos, levadura de cerveza, aguacate), calcio (leche y derivados, pescados, tofu), vitaminas (vegetales) y ácidos grasos esenciales (pescados, aceites de semillas).