Anotaciones sobre el biocombustible

De verdad que mucho se ha hablado de los biocumbustibles. En esta nota se busca mencionar algunos puntos resumiendo lo que se ha escrito en varias fuentes para tratar de alcanzar una visión general sobre las ventajas y desventajas del biodiesel y compañía.

Una de las deventajas más mencionadas en los últimos años es que el biocombustible desplaza a los alimentos, en el sentido de que la tierra usada para la siembra de sus materias primas deja de ser utilizada para sembradíos de plantas alimenticias. Eso es cierto. Sin embargo hay que recordar que el hambre no es consecuencia de los combustibles verdes. El primero ya existía antes de la aparición de los segundos. En el mundo hay recursos agrícolas para alimentar a toda la población, el problema es de repartición. El sobrepeso arraigado en una gran parte de la sociedad del primer mundo es un signo de que en algunas partes del planeta hay más comida que la que se necesita.

Otro punto que se menciona actualmente es el del desastre social causado por la siembra de la palma de aceite, por ejemplo. Es bueno que el público en general se interese por la vida de campesinos en el tercer mundo. Algunas notas de prensa comienzan a narrar el cómo miembros de muchas familias campesinas colombianas han sido amenazados, torturados  y asesinados con el fin de que cedan sus tierras o por no haberlo hecho. Dichas tierras han pasado a manos de terratenientes y conglomerados económicos quienes las explotan sembrando en ellas monocultivos para la producción, entre otras cosas, de biocombustibles.

Es una desgracia y, repito, es bueno que el mundo se interese por ello. Pero el abuso de la clase campesina y de las minorías “poco influyentes” en el tercer mundo no es un fenómeno nuevo. No es consecuencia del uso de los combustibles verdes. Es un fenómeno viejo, muy viejo, que data de siglos atrás. El problema tiene su origen en otra parte: es la falta de una democracia real y de un estado de derecho lo que lleva esa debacle social. Ese es el problema que hay que resolver.

Los biocumbustibles podrían traer fuentes de ingresos sustentables a muchos campesinos del tercer mundo (quienes por cierto han sido apaleados por las subvenciones agrícolas de los estados ricos y poderosos) si se le diera una reforma estructural al negocio (misma que pasaría por una reforma estructural social).

Por último mencionaré los desaciertos ecológicos de los biocarburantes. Se habla de miles de hectáreas de selvas tropicales que han sido víctimas del desarrollo tratado en este artículo. Trágico. Pero, de verdad ha debido suceder eso y debería seguir sucediendo? Es cierto que hace falta tierra productiva y que para producir bioetanol y similares se debe aniquilar al Amazonas? La respuesta es no. No, porque eso no concuerda con la cantidad de tierra cultivable inactiva. No, porque eso no sería lógico teniendo en cuenta la cantidad de tierra utilizada para la ganadería extensiva. Ejemplos hay muchos más. Lo que faltan no son recursos, a las selvas tropicales no hay que robarles terreno. Lo que falta es una explotación más adecuada y ordenada de esos recursos.

La fiebre no está en las sábanas. Los campesinos del tercer mundo y las selvas tropicales deben interesarnos a todos. Pero su salvación no se dará si simplemente dejamos de usar  combustibles renovables. Si hicieramos eso arrancaríamos el incentivo económico de su producción, pero, ayudaríamos con ello a las familias campesinas y a las selvas? No lo creo. Los terratenientes y grupos económicos ya encontrarán ortra forma de explotarlos. Y de no ser así ya harán lo suyo los subsidios agrícolas del mundo industrializado.

Mucho mejor sería organizar el consumo de los biocombustibles de manera que el que consumamos sea de origen ecológico, es decir, que haya sido producido respetando estándares sociales y medioambientales. Así nos evitaríamos satanizar productos que pueden significar un avance ecológico y económico.

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  1. Eduardo Cano 01/10/2010